SANGRAR EN ÁFRICA
Me llamó mi amigo Luis y decidimos buscar un día para vernos y contarnos nuestras andanzas en los últimos meses. Posiblemente haga cerca de un año que no nos vemos. Pero yo no tengo mucho que contar, que no pueda resumirse en una confusión constante y en la consciencia de una insatisfacción perenne abofeteándome cada logro.
Luis me dice que en febrero vuelve a Kenia. Prometí que regresaría el año pasado, que haría todo lo posible por organizarme e ir a verle. Pero no lo hice. Ya me ha tragado la vorágine de nadas que es mi existencia perdida en esta enorme ciudad, tan pequeña.
Ya sé qué es esa incomodidad, esa punzada, ese ansia que no duerme. Los ensueños se me van a la tierra que amé, a los desiertos que bebí, a las montañas donde sangré.
Supe que África me había acogido, cuando amaneció para mí. Supe que África me amaba, cuando atardecí con ella. Supe que África me había hecho su hija cuando curó todas mis heridas, y se quedó mi alma a cambio mientras me desangraba en sus guerras.
Luis me dice que en febrero vuelve a Kenia. Prometí que regresaría el año pasado, que haría todo lo posible por organizarme e ir a verle. Pero no lo hice. Ya me ha tragado la vorágine de nadas que es mi existencia perdida en esta enorme ciudad, tan pequeña.
Ya sé qué es esa incomodidad, esa punzada, ese ansia que no duerme. Los ensueños se me van a la tierra que amé, a los desiertos que bebí, a las montañas donde sangré.
Supe que África me había acogido, cuando amaneció para mí. Supe que África me amaba, cuando atardecí con ella. Supe que África me había hecho su hija cuando curó todas mis heridas, y se quedó mi alma a cambio mientras me desangraba en sus guerras.

0 Comments:
Publicar un comentario en la entrada
<< Home