COSILLAS DE LA OFICINA
Me llama el Boss a su despacho y acudo rauda, con la atolondrada eficiencia que me caracteriza, y que aún mantiene en vilo a todos, que se preguntan si mis lapsos mentales responden a sesudas elucubraciones laborales o, simplemente, a que estoy en Babia. Desde que soy Bossa-Nova (es decir, de reciente nombramiento y con mucho ritmo), creo que se inclinan por lo primero (nimalillos...¡qué ingenuos!).
Bueno, que me pierdo. El caso es que entro al despacho con unos cuantos papelotes en la mano, que el Boss mira con recelo, porque sabe que siempre me apunto los marrones y las dificultades, ya que las buenas noticias me las aprendo de carrerilla y se las suelto sin anestesia. Para tranquilizarle, retiro los papelitos y los meneo con gracia, como para quitarles importancia, hasta dejarlos sobre su mesa. Conversamos un rato sobre las novedades del día y, de pronto, me suelta, mientras mira fijamente mi teta izquierda: "no te estoy mirando la teta, es que tienes ahí una mancha". Y yo, con toda la naturalidad de la que una puede hacer acopio en tales circunstancias, sacudo ligeramente la mancha de tinta de la pechera del jersecito blanco ajustado, y respondo, como quien no quiere la cosa: "sí, es que me he restregado con los periódicos" y, para arreglarlo, remato: "como estaba leyendo lo del Parlamento...".
Supongo que el hombre se habrá planteado si lo de la erótica del poder tendrá algo que ver con eso.
Bueno, que me pierdo. El caso es que entro al despacho con unos cuantos papelotes en la mano, que el Boss mira con recelo, porque sabe que siempre me apunto los marrones y las dificultades, ya que las buenas noticias me las aprendo de carrerilla y se las suelto sin anestesia. Para tranquilizarle, retiro los papelitos y los meneo con gracia, como para quitarles importancia, hasta dejarlos sobre su mesa. Conversamos un rato sobre las novedades del día y, de pronto, me suelta, mientras mira fijamente mi teta izquierda: "no te estoy mirando la teta, es que tienes ahí una mancha". Y yo, con toda la naturalidad de la que una puede hacer acopio en tales circunstancias, sacudo ligeramente la mancha de tinta de la pechera del jersecito blanco ajustado, y respondo, como quien no quiere la cosa: "sí, es que me he restregado con los periódicos" y, para arreglarlo, remato: "como estaba leyendo lo del Parlamento...".
Supongo que el hombre se habrá planteado si lo de la erótica del poder tendrá algo que ver con eso.

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